Aunque muchos aseguran que la crisis está desapareciendo poco a poco, lo cierto es que su paso por España  ha dejado mucha huella, sobre todo en los jóvenes.

Se ha creado una población joven pobre

Según el Financial Times ha dejado claro que la crisis no es que haya dejado falta de trabajo, sino el temor de los más jóvenes a la hora de buscar un puesto de trabajo, en el que cada vez se exige mucha más formación, a veces absurda para el puesto de trabajo que se ofrece, y por un salario indigno. No ven que haya una esperanza en el futuro, ni para los jóvenes de ahora ni para los que vayan llegado después.

Más de 1,8 millones de españoles menores de 34 años, ya no de 25, se encuentran en paro y que uno de cada cinco jóvenes ni está trabajando ni formándose, lo que supone que alrededor de 450.000 jóvenes forman parte de la tan conocida generación Nini, ni estudia ni trabaja, que apreció poco después del estallido de la burbuja inmobiliaria y que prefirió vivir en la comodidad del hogar paterno.

El miedo a perder el trabajo es continuo

Sin embargo, aquellos que jóvenes que si que logran escapar de las terribles garras del desempleo se ven de lleno metidos en un trabajo precario, saltando de contrato temporal en contrato temporal en los que no alcanzan siquiera el salario mínimo. Por no hablar ya de los jóvenes que se ven obligados a trabajar en economía sumergida porque es la única oportunidad que tienen de ganar un sueldo.

Josep M. Blanch, profesor de psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, cataloga los estragos del mercado laboral como “un problema de salud mental”. Para él, los jóvenes que consiguen una oportunidad de empleo viven todo el tiempo con miedo, inseguros de cuánto tiempo va a durarle el trabajo, no se atreven a formar una familia y pierden la capacidad para poder plafinicar su vida, teniendo mucho miedo de abandonar la comodidad del núcleo familiar en el que ha crecido.

No hace tantos años, un joven abandonaba el núcleo familiar entre los 18 y 21 años, ya con un trabajo con el que se buscaba la vida lejos de sus padres. Otros no lo hacían hasta haber concluido sus estudios universitarios, sobre los 23 o 25 años. Pero, en la actualidad, los jóvenes están obligados a vivir una adolescencia permanente, en la que no pueden dejar su etapa de estudiante atrás porque si no se forman durante muchos años son capaces ni de acceder a los trabajos más simple como estar en el puesto de atención al cliente de una tienda.

No hay suficientes ingresos para marcharse de casa de los padres

Según los datos que se barajan, en la actualidad 4 de cada 5 jóvenes españoles, de edades comprendidas entre los 16 y 29 años, vive con sus padres. Y los salarios son inferiores a lo que estipula la ley con el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), por lo que siempre tienen que estar preocupando de poder llegar a fin de mes.

En la actualidad, la mayoría de cursos de formación que son convocados por los diferentes Servicios de Empleo están dirigidos a jóvenes con escasa formación, para mejorar su inserción laboral. Pero muchos expertos economistas han declarado, en más de una ocasión, que el problema no es su escasa formación, sino las exigencias por parte de las empresas que cada vez piden más formación para trabajos más básicos y aprovechan el miedo de los jóvenes de no encontrar trabajo para contratarlos son salarios muy bajos.

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