Algunos se sienten contentos con la llegada del verano, mientras que otros ven como llega su mayor preocupación: ¿qué hacer con los hijos? Porque aparece un síndrome conocido como agenda vacía infantil.

Campamentos, actividades… todo vale

Muchos padres no cuentan con familiares cercanos para cuidar de los niños ni tampoco tienen los recursos económicos como para permitirse pagar a alguien para que se haga cargo del menor mientras está trabajando, así pues, ¿qué pueden hacer?

Es más, no todos tienen la posibilidad de irse de vacaciones. Por ello deciden recurrir a una de las actividades más comunes del verano: mandarlo a un campamento. Especialmente, se ha incrementado el número de inscritos en campamentos en los que se estudia inglés, demostrando que los padres están cada vez más concienciados con la importancia que este idioma va a tener en el futuro de su hijo. Curiosamente, acompañado de esto, aumenta el número de personas que deciden irse de vacaciones mientras que el niño está en el campamento, para poder “desconectar”. Especialmente se apuesta más por un alquiler de casas para las vacaciones por el ahorro que supone.

Pero, ¿qué pasa con los niños que no van a un campamento? Muchos padres optan por las actividades que diferentes organizaciones realizan a lo largo del año, alrededor de un 70%, recurren a estas actividades para que el hijo esté ocupado en lo que dura su jornada laboral y luego van a recogerlo tras el colegio, mientras que un 20% no se interesa por estas actividades y un 10% considera que no son buenas para su hijo.

En lo que respecta a quien se queda con el niño, más de un 63% sigue recurriendo a los abuelos frente a un 26% que lo hace con otros parientes cercanos como los tíos. Un pequeño porcentaje, un 11%, deja al hijo pequeño a cargo del hermano mayor o en casa de algún amigo o vecino.

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