No son pocos los padres que durante años han puesto una cámara espía en el ojo de un oso de peluche o que le han instalado un micrófono en la habitación a su hijo para saber que es lo que estaban haciendo en todo momento. Aunque sigue siendo algo hecho en privado, vulnera el derecho de privacidad de los menores. No obstante, ¿que sucede cuando esto se eleva a nivel Internacional?

Muchos juguetes envían conversaciones y datos personales a un servidor en USA

La sociedad está cada vez más conectada y no son pocos los que suben toda su vida, literalmente a la red, publicando todo: a dónde van, con quien está, con quien están saliendo… La vida de miles de personas se encuentran en Internet.

Estos datos son utilizados por las grandes multinacionales para conocer gustos y las opiniones de las personas. No obstante, a los más pequeños es difícil sacarles nada ya que tiene que contarse con el permiso de los padres. Con esto, parece ser que una empresa de juguete ha sabido como saltarse este protocolo.

¿Los juguetes con conexión a Internet son seguros?

Los muñecos My Friend Calya y l-Que cuentan con una aplicación que se puede conectar con el móvil. Una vez conectado, los niños pueden mandar mensajes a los muñecos que este luego reproduce. Hasta aquí, todo normal, ¿verdad?

El problema está en que estos muñecos a través de unas pistas de audio preguntan datos personales a los más pequeños, tales como decir donde viven, quienes son sus padres o a que colegio van. Luego estos datos son enviados a un servidor en Estados Unidos de la empresa Nuance Communicautions, experto en traducir conversaciones en un idioma extranjero al inglés, y no se sabe que es lo que pasa con todos esos datos recolectados, porque se les pierde la pista. Ya se ha exigido que la empresa diga que es lo que sucede con esos datos.

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